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Basses viajeros
Publicado el 30.11.2008 - Autor: Joan Arnal
La asociación B.A.S.S americana, lleva realizando los últimos años un curioso e interesante experimento. Este consiste en capturar y marcar con transmisores a un par de ejemplares de percanegra antes de cada torneo y descubrir cuales son sus rutas durante y después de la competición. Este ensayo ha revelado datos de gran utilidad que son un nuevo punto de partida en el captura y suelta moderno. Ya en los primeros días se dieron cuenta de que los peces solían repetir dos patrones comunes. El primero era un dramático éxodo hacia su lugar habitual de residencia, en otras palabras, el bass simplemente - y guiado por algún sexto sentido que los humanos no logramos entender- se desplazaba (incluso decenas de kilómetros) en busca de su “casa”. El segundo grupo, permanecía en la zona de suelta y deambulaba por ella en busca de comida y refugio, intentándose adaptar lo mejor posible a su nuevo hogar. Como se sabe (desde hace poco) el bass es un pez que viaja bastante. Anteriormente se creía que permanecía en un territorio de más o menos 3 campos de fútbol, y allí pasaba toda su vida siguiendo los escalones de profundidad, y desplazandose según las distintas fases de su ciclo biológico. Hoy sabemos que esto no es cierto y que esta especie puede perfectamente emigrar a otras zonas o desaparecer de un lugar si las condiciones no son las adecuadas.
Esto abre nuevas alternativas. La primera y mas importante es que -si esto es así- podemos perfectamente cambiar una zona “mala” de pesca y convertirla en un paraíso. Si somos capaces de aportar en un lugar todos los requisitos que este pez necesita para vivir, cazar y sentirse confortable, podemos perfectamente atraer a nuevos visitantes y –como no- mejorar la pesca. También permite la posibilidad de crear santuarios. Cerrar un lugar en un embalse y en el colocar estructuras artificiales que poco a poco atraerán a los depredadores y a los peces pasto. Lógicamente no se trata de prohibir la pesca en la mejor zona, sino simplemente cerrar una pequeña recula o tramo, para que sirva de pulmón al resto del pantano.
Siguiendo con nuestro experimento, pronto se descubrió que los peces seguían comiendo después de su suelta. Esto se comprobó gracias a que uno de los ejemplares (al que siempre ponen nombres graciosos en televisión para darle más interés al programa) fue capturado de nuevo durante el concurso. Un dato sorprendente pues también se creía que los peces tardaban más en recuperarse de los rigores de la captura.
Sin duda, fue un experimento muy interesante que nos ha dado a los amantes de esta especie información valiosísima.